"INTRODUCCIÓN" AL VOLUMEN II DE “COMPLOT DE PODER ...” PUBLICACIÓN INMINENTE

Updated: Sep 1, 2020



Ante la inminente publicación este mes de agosto de 2020 del Volumen II de la obra "Complot de poder en la Iglesia Española", adelanto la "Introducción, ampliada para el VOLUMEN II".

Jacques Pintor

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INTRODUCCIÓN - Ampliada para este Volumen II

«No se necesita ser un experto politólogo para advertir que, por regla general, los discursos sólo cobran su verdadero sentido cuando se los lee al revés. Pocas excepciones tiene la regla: en el llano, los políticos prometen cambios y en el gobierno cambian, pero cambian... de opinión. Algunos quedan redondos, de tanto dar vueltas; produce tortícolis verlos girar, de izquierda a derecha, con tanta velocidad. ¡La educación y la salud, primero!, claman, como clama el capitán del barco: ¡Las mujeres y los niños, primero!, y la educación y la salud son las primeras en ahogarse. Los discursos elogian al trabajo, mientras los hechos maldicen a los trabajadores. Los políticos que juran, mano al pecho, que la soberanía nacional no tiene precio, suelen ser los que después la regalan; y los que anuncian que correrán a los ladrones, suelen ser los que después roban hasta las herraduras de los caballos al galope».

Eduardo Galeano, Uruguay, 1940-2015.

"Patas Arriba: La Escuela del Mundo al Revés" (fragmento, pag. 88)

Lo más difícil de una historia no es comenzar a contarla. Lo más difícil de una historia es acabar en algún momento, esto es, con una especie de chimpúm. De la misma manera que en la gran película americana “Forrest Gump” - donde Forrest cuenta una historia increíble pero verdadera en la ficción de la película -, aquí me gustaría decir con el personaje: “y esto es todo lo que tengo que decir sobre este asunto”. La pena es que no es así. El actual Arzobispo de Barcelona en España, el Cardenal Juan José Omella fue objeto de una querella y acudió al Juzgado de Barcelona en España el 12 de Julio de 2019 como investigado, acusado de un delito de Falsedad Documental tipificado en el artículo 392.1 del Código Penal español. Está acusado de haber presuntamente recibido o haber simulado recibir un documento acusatorio contra un sacerdote de una diócesis que no era la suya (el Rvdo. Barco), a quien le leyó la acusación pero no se la entregó ni se le permitió tenerla por escrito; se le acusa también de no haber facilitado a Roma la información que le hizo llegar personalmente este sacerdote y que le exculpaba definitivamente del único cargo del que ha sido acusado hasta el día de hoy en que publicamos este volumen segundo. Y “le dicen” está “acusado” también de otras cosas, como veremos, nunca reflejadas en una acusación formal, nunca probadas y siempre desmentidas por el interesado y por numerosos testigos: sorprendentemente, en la reunión que sostuvo el cardenal Omella con el Dr. Vladimir Lamsdorf-Galagane, abogado del sacerdote Miguel Ángel Barco, se le hizo saber que recaían sobre el reverendo Barco “otras” acusaciones que “por discreción y respeto a las personas” no podían comunicársele. Nada más absurdo. Así este sacerdote ahora secularizado de manera irregular, en forma que él no admite, se querelló contra el cardenal arzobispo de Barcelona Monseñor Juan José Omella en base a que si esa información hubiera sido entregada al Vaticano no se le podría haber castigado por algo que el mismo Omella al final ha tenido que demostrar que no ocurrió. Y el cardenal Omella ha tenido que “demostrar su propia inocencia” respecto a haber o no haber entregado una información a Roma, presentando un Recibí del Vaticano por los documentos oficiales de las pruebas periciales de paternidad del verdadero padre de la criatura atribuida falsamente a él. Paradójicamente Omella ha “demostrado” así su inocencia demostrando la del reverendo Miguel Ángel Barco. Pero su inmisericordia pasará, admiten muchos, a los anales de la historia. Como lo hará también la valentía del sacerdote Barco que defiende como felino panza arriba su vocación sacerdotal. Cuesta entender el móvil de este drama. Lo que sí parece cierto es que si Miguel Ángel Barco probara sus acusaciones contra Monseñor Omella, podría salir a la luz también que no había motivo para obligar a renunciar al arzobispo de Zaragoza Don Manuel Ureña en 2014, en cuya diócesis estaba M. A. Barco de párroco en comisión de servicio en esos momentos. Y podría muy bien quedar demostrado este punto puesto que Miguel Ángel Barco puede muy bien ser un cabo suelto, un chivo expiatorio sin inmolar ante los ojos de lobos hambrientos por destronar al ex arzobispo D. Manuel Ureña por motivos personales y de ideología religiosa. Así pues, parece que solamente se explicaría esta conspiración para defenestrar al anterior arzobispo de Zaragoza Don Manuel Ureña por la inquina que pudiera tenerle su antecesor en el mando de la diócesis, el ya fallecido Monseñor Elías Yanes, y la ambición del mismo cardenal Omella de ocupar la sede de Zaragoza. En su tiempo Omella había sido obispo auxiliar de Monseñor Elías Yanes y durante la trama, antes de ser destinado a la diócesis de Barcelona, había sido obispo de Logroño-La Calzada, desde donde dirigió la recopilación de datos e informaciones en contra del Arzobispo Ureña. Omella ambicionaría, explican los locales, ocupar la silla de arzobispo de Zaragoza o de Toledo en lugar de Ureña. No lo logró, pero lo que obtuvo al acabar la trama superó con creces lo que habría soñado, como se verá. Chivo expiatorio. Esta es la expresión que define bien el caso de Miguel Ángel Barco en una trama de corrupción por el poder entre prelados en España. En esta torpe trama incluso el Papa Francisco ha salido salpicado. Y fue así puesto que para poder gobernar, el nuevo arzobispo de Zaragoza Don Vicente Jiménez hizo una purga de entre los implicados en la conocida como “trama maña” al llegar a la diócesis, no fuera que quisieran acabar también con él con las malas artes demostradas. Así y según relata el Padre Germán Arana al ex vicario Judicial de Ureña, Roberto Ferrer Sarroca, el Papa Francisco animó a la ex notaria Mari Carmen Amador a denunciar a D. Vicente Jiménez por despido improcedente. El mismo Ferrer Sarroca dejó su cargo de vicario judicial en solidaridad con Marí Carmen Amador ante el despido de esta. Y a todo esto el Padre Germán Arana debía prestar su ayuda a petición del Papa. Por primera vez y de la mano de Periodista Digital saqué a la luz en la Prensa española unas cartas del Padre Arana y de Monseñor Elías Yanes (predecesor y opositor de Ureña junto al Padre Arana y Monseñor Omella) dirigidos al Papa Francisco, hasta ahora mantenidos en secreto y que ofrecí en mis artículos en ese Medio. El lector los podrá encontrar en esta obra. El Padre Germán Arana, asesor en la sombra del Papa Francisco y jesuita como él llegó después a querer coaccionar moralmente en una nueva carta al nuevo arzobispo de Zaragoza Don Vicente Jiménez (instalado el 21 de Diciembre de 2014) en sustitución del defenestrado D. Manuel Ureña (dimitido el 12 de Noviembre de 2014). Y esto era aún otro intento de seguir remoloneando con la erótica del poder, utilizando la erótica de tramas sexuales, reales unas, inventadas las otras. Actualmente al mando de la diócesis de Zaragoza, Don Vicente Jiménez ya presentó su dimisión por edad (75) en Enero 2019 como decíamos. Desde ese momento la Diócesis de Zaragoza adolece de un stand by dramático en que nada se hace y mucho se prohíbe, en nombre de una comunión que se ha perdido. La Diócesis de Zaragoza ha pasado a ser en opinión de muchos católicos una administración paralela de censo de católicos y una burocracia absurda, y cobran sentido las palabras de Ferrer Sarroca a Omella en un wasapYo no quiero pertenecer a esta empresa” refiriéndose a la iglesia: la Iglesia Católica en Zaragoza se ha convertido en una empresa de mantenimiento de nóminas de septuagenarios y de cuidado de un patrimonio inmobiliario colosal, y la salud de la vida espiritual de los fieles, lo único que importa, ha pasado a moverse solamente en los movimientos eclesiásticos, que no en la estructura de parroquias abandonados a curas vagos, engreídos en ocasiones, y homosexuales en más. Es una muerte clínica de una Diócesis que ha dejado de ser cristiana, en espera de un Arzobispo a la medida de Dios. O eso parece. Todo ello se ve agravado por la crisis de la Pandemia del COVID-19. A este aletargamiento han seguido una serie de prohibiciones de la misa tradicional, cierre de iglesias y falta de información a los fieles, prohibición contra derecho de Comunión en la boca, cambio de rótulo en el Pilar de Zaragoza dejándolo de atribuir a la Virgen del Pilar, o clausura de la cofradía centenaria del Rosario de Cristal y un largo etcétera. En esa carta que mencionábamos de Germán Arana a Vicente Jiménez se muestra la coacción moral aunque sutil de Arana a Jiménez y que el lector debe conocer por su estilo conspiratorio. El lector la encontrará al final de este libro en la sección Documentación. El recientemente creado cardenal (27 de Junio de 2017), el Arzobispo de Barcelona Juan José Omella, podría ver su meteórica carrera truncada cuando se resuelva esta conspiración en los tribunales civiles de Cataluña, así como por otros delitos que pueden ir saliendo a la luz de su anterior gestión de las diócesis que se le han encargado. Si el cardenal Omella fuera finalmente condenado y la administración del Papa Francisco fuera coherente con las prácticas de los últimos meses, podría perder el birrete cardenalicio. Omella repitió varias veces al abogado de Miguel Ángel Barco «algo más habrá, hay más cosas que no se le dicen por respeto», y ahora paradójicamente pueden salir a la luz las muchas más “cosas” que puede haber perpetrado Omella: coacciones, calumnias, ocultaciones, tráfico de influencias, mentiras, etc. Lo que quedaba en la conjura de la Operación Zaragoza era eliminar los cabos sueltos. Miguel Ángel Barco es el cabo suelto. Pero el cabo se les resiste. Los hechos aquí narrados son verídicos y cualquier relación con la realidad es, en este caso, cierta. Más bien se queda corta. Con frecuencia se recurre a la frase “La ficción supera la realidad”. En este caso la cruda realidad supera a la capacidad de ficcionar de muchos.

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